Tienes que comer

no tengo hambre
no tiene
no tenemos hambre
no tienen en esta familia
ni tendrán
no tienen el saludo del puchero desde el umbral
tienen la huella del médico al ignorarlo
tienen necesidad
tienen acaso urgencia

no tener
y tener otra condición
eso tiene esta familia
no tuvo alarmas el nido
no tiene alertas el niño
no tendrá recuerdos el vivo
y tiene que soñar el hambre
para despertar las ganas que no tiene
y poder así tener que comer

 

NOTA: Utilización de restricciones o “contraintes“al estilo de OuLiPo (acrónimo de “Ouvroir de Littérature Potentielle”)
https://es.wikipedia.org/wiki/Oulipo
https://www.ehu.eus/~mtwmastm/OuLiPo_Bak2012.pdf

 

 

 

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Poemas

Contienda

Humedecen mi fisura
las fronteras de tu predio.
Aguardo alerta el asedio
cual el monje su tonsura
y el exorcismo que adjura.
Avanzadilla incendiaria,
que en la noche solitaria
busca calmar la tormenta
doblegando nuestra afrenta
con una oscura plegaria.

 

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Poemas

Mañana es casi otoño

Y ya no pensaré en la necesidad
ebria de parir títulos para alumbrar el día.
Luciré la niña que
amanece y no le escuece.
La niña que no evita el saludo
de la cabra
que se detiene en su camino.

Cierro los ojos
y se me revela
la lluvia a tragos que viviré
todas y cada una de las mañanas
que un petirrojo dé la vuelta al sol
sin quemarse.

Y se me revela
en el centro del nuevo frío
un gris con atrevimiento blanco
de palabras de caligrafía tardía
—con la rítmica cadencia
de las burbujas al viento —.

Se malogró agosto, hermano.
Media vuelta.
Mañana es casi otoño.
Ya no es tiempo para cobijarse
en las esquirlas de las vainas.

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Poemas

Rutina en urdimbre de redondillas

El roce de las mañanas
no es deshora sospechosa
para esquivar yo la fosa
y pintar trozos de ganas.

Creo personas simétricas
que engendro con esos trozos,
las cambio por alborozos
y olvido gargantas tétricas.

Mudo así y tomo otro estado,
también para todas ellas,
y ya todas nuestras huellas
olvidan su fiel pasado.

Unos lo llaman locura.
Yo no sé qué puede ser.
Es una forma de ver
que atempera mi amargura.

 

 

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Poemas

Adicción al humo

I
Mientras tú vives ufano
en el cepo de la trampa,
—sin darte cuenta— te estampa
su muesca el destino arcano.

Ya sea invierno o verano,
con un “no, no pasa nada”,
saludas en cada entrada
y te engañas —solo un poco—
aspirando como loco,
palmando en cada calada.

II
No te dejes caer —no te tires—
en la tentación del detalle
que al arder
provoca
el dolor de la sombra roja
y que la lava del pergamino
comience a encoger,
el gargajo en el cemento
y el hedor harapiento.

No te dejes caer,
que ya te abraza del talle
la apnea madura,
que casa —demasiado bien—
con lo que no quieres ser.

 

 

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Poemas

No soy Ana Grimberg y no me importa

A veces la jornada me queda
un poco chica y le añado parches
o la tiño con balizas
para que merezca recordarse.

A veces me muero.
Estuve muerta —de hecho—y me viví
porque me quise vivir
para vivir más que la vida chica
y ofrecerle asilo
—aquí, junto a ti—
en estos tiznados versos.

Me viví para respirarme
en la apnea.
A pesar de que nada sé
de aves sagradas,
me viví
para que merezca recordarme.

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