De cuando el profesor me ofreció el disparador del cambio

Una mano cruel me quiso vivir
y reconstruyó en barro
mis febriles distancias de las cosas mundanas.
Siete veces siete le supliqué bismuto
y me fue dado el lodo de las calles.
La misma mano cruel quiso morir mis recuerdos
crispando con piedra pómez las líneas de mi mano.
Siete veces siete moldeó mis muecas
y siete veces siete bebí mis labios
para que nadie los auscultara.

No ceso de ensayarme bismuto,
pero me hago bola cada cierto tiempo
y vivo temerosa de que un mal paso
me mute en concepto deleble
que hasta las polillas esquiven.

Mi padre tocaba la batería.
En este nuevo estado le recuerdo
más que cuando fui larva.
Él también comenzó a morirse por las manos.

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Poemas

La víspera

Romana sabedora del porvenir
que aguarda inerme
al sol que cae.
Haz del eco.
Envés de nona.
Haz de nervios
que en la boca que
precede a la novia
parece eterna
deseando fraguarse
en el postrero saludo del adiós.
Millones de personas aguardan.
Solo queda esperar.

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Poemas

Poema áureo y poema cuántico -dos por uno- sobre el proceso de poemar

Ayer y hoy,
he visto en los tejados
un vórtice versal a la deriva,
en una obscena imagen
en penumbra,
oculto tras la luna,
cercado por lápidas de quimeras
metamorfoseadas.
Otras veces,
el rito se despoja
del estertor de vanas ceremonias,
el verbo no conjuga,
palidecen
presagios y certezas
y el surco se hace cuna de la nana
para ángeles sin guarda.

Si sucede,
si levantan la veda
de fisuras, de vértigo de sombras,
de díscolos fonemas,
me desnudo,
y cortejo al astro, ávida
de soñarme en el arrullo del verso,
como una niña en Reyes.
Me desnudo
para que luna y cuna
me permitan consagrarle mi vida,
trinchera invertebrada.
Si sucede,
será oh mi verso orado,
telúrica enmienda del humo estéril
que habitará el espejo.
No huiré
ya del rostro que aflore
cuando extraigan mi nombre de la lista.
Anticiparé el réquiem.
Cantaré.
Confiando en lo que nace
daré el poema a la sombra de azogue
como se entrega un hijo.

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Poemas

Lo que me ocurrió mirando por la ventana de mi habitación

En el sonido roto
por un silencio provocado
resonaron las huellas
del polvo audaz
de varias generaciones
de mujeres.

Descendían sin olvidar sus nombres,
único rescoldo de su estigma.

Percibí el desafío
en los ojos de la niña
como promesa de narración
de un futuro vestigio.

Desde entonces
no tiemblan las bisagras
a la vuelta de llave. Decido yo
—con la llama de sus pupilas—
el presagio de fuego
con mi nombre
en la música del poema.

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Poemas
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