Miedo y asco
una rata, tres metros de fondo
Abrazar la sombra
Algo sin asideros
Mirar con ojos ciegos.
Vivir con la certeza del sueño
Casi digo nada
Pero no puedo
Nunca puedo
Más que el silencio
Tengo un hijo que nunca nació.
No veo jamás sus ojos,
pero llora lombrices que se enredan
en mi lengua y juegan entredientes.
También tengo amigos poetas
a los que sólo entiendo yo.
Cuando me lamento por mi hijo
ellos me abrazan con sus versos,
–sin palabras– comparten llagas
nacidas en el velo del paladar
y tapan los agujeros de mi calavera.
Mis amigos nacieron de su madre,
pero su poesía –igual que mi hijo–
no nació para torpes.
Mis amigos poetas
son hijos míos.
Aquí mismo, tan cerca como allí
En el próximo infinito sin fin.
Se descalza la noche en abismo
donde duermen las antiguas estrellas
Y tú vives tu pequeño asido
Te sientes solo y unido aquí
Eres grande y muy pequeño en ti
Suave como la roca punzante
No sabes lo que sabes en tu fondo
Y yo te olvido en tu recuerdo
Un respirar ajeno a mi aire
que es otro aire
Una piel en otra carne
Un latido ajeno
Aquí dentro
Donde todos somos nuestro
Un único pensamiento.
Un mantra invade
Esta luz extraña
que ilumina mi casa
Mi calle
Y mi perra lo sabe
Mi perra lo sabe Leer entrada »
Poemas